Didier Ventabren

Este pintor, arraigado en la cultura mediterránea, crea un arte exuberante con multitud de trazos incrustados en arena, cartón… Le gusta que su pintura sea grumosa; debe desbordarse, fluir, arrugarse… y el color debe hundirse en la arena, el metal y el papel. Sus gestos al pintar son precisos y apresurados, convirtiéndose en un acto ritual. Ventabren pasea su mirada por el lienzo, mide el polvo entre sus dedos y luego lo esparce como un sembrador. También rasga y araña sus figuras: su mano, proveída de una fina cuchilla, busca en la materia el punto exacto donde hay una boca, una nariz… Dibuja figuras y extrañas ecuaciones, también caligrafía, real o falsa, las cuales nos revelan el verdadero tormento de Ventabren: los secretos de la fundación de las civilizaciones de su cultura.

Fiel a su cultura, Ventabren creó a su personaje principal y dibujó, en unas pocas líneas negras y finas, su larga y pálida cara, perdido en sus viejos sueños: Don Quijote, el hombre loco, el sabio, el santo o el artista.

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